Trump a juicio, implicaciones para el futuro de Estados Unidos: Francisco Ángel Maldonado Martínez*

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Donald Trump se convirtió en el tercer mandatario en la historia de los Estados Unidos en ir a juicio político luego de que la Cámara de Representantes aprobara los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso en su contra. En esta histórica votación, prácticamente toda la bancada demócrata votó a favor de la propuesta de enjuiciar a Trump por haber solicitado ayuda del gobierno de Ucrania para implicar al hijo de Joe Biden, quien fue vicepresidente de Barack Obama y es uno de los principales contendientes en la carrera demócrata a la presidencia de los Estados Unidos.

 

 

El juicio podría comenzar a principios de 2020 en el Senado de los Estados Unidos, donde Trump tiene el respaldo de la mayoría republicana. Esta cámara tendrá la decisión última sobre si absuelve a Trump o lo condena y destituye. El polémico empresario neoyorquino, presidente número 45 de Estados Unidos, es apenas el tercero en la historia de una democracia consolidada como la estadounidense en ir al banquillo de los acusados. Y este juicio se presenta a solo 10 meses de las elecciones en las que buscaría su reelección por cuatro años más.

 

 

El ánimo político en el país más poderoso del mundo occidental se ha vuelto sumamente ríspido, para muestra la declaración de Adam Schiff, representante demócrata por California y presidente del Comité de Inteligencia, quien dirigió la investigación de juicio político: "A lo largo de los últimos tres meses, hemos encontrado evidencia incontrovertible de que el Presidente Trump abusó de su poder al presionar al nuevo presidente de Ucrania (Volodímir Zelenski) para que anunciara una investigación contra su rival político. El presidente y sus hombres conspiraron".

 

 

Para poner en la balanza este impeachment, como se le conoce en inglés, veamos a quienes fijaron un antecedente. Andrew Johnson (1865-1869), a quien se le acusó de violar la ley y desacreditar al Congreso, tras despedir a un funcionario de alto rango sin consultar al Senado. Fue absuelto por esta cámara. Bill Clinton (1993-2001), quien mintió sobre su relación amorosa con Monica Lewinsky, quien era su becaria en la Casa Blanca, también fue absuelto. Y probablemente el caso más famoso, que no terminó en juicio político, Richard Nixon (1969-1974), quien estuvo a punto de ir a este procedimiento por cargos de obstrucción a la justicia, abuso de autoridad y desacato al Congreso por el caso Watergate. Nixon dimitió antes de que su caso fuera votado en la Cámara de Representantes.

 

 

La probabilidad de que Trump sea destituido es muy baja ya que el Partido Republicano controla 53 de los 100 escaños del Senado. Los demócratas necesitarían que al menos 67 senadores votaran por la destitución del presidente y esta bancada tiene solo 45 votos de su propio partido y el apoyo de dos independientes. Es decir, los demócratas necesitan 20 votos de republicanos que votaran conforme a su propio criterio y no por decisión partidista; 20 republicanos que asuman las consecuencias de su decisión y reprueben el comportamiento de un mandatario caracterizado por su discurso de odio y xenofobia. ¿Los habrá?

 

 

Al parecer no. El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, ya ha desestimado el impeachment y señalado que no será neutral al escuchar los argumentos en contra del mandatario estadounidense. "No soy un jurado imparcial. Este es un proceso político. No hay nada judicial al respecto". En medio de la controversia por las ambiciones electorales de Trump, los senadores demócratas preferirían votar en bloque sin valorar de forma independiente las razones en contra de Trump. El juicio político, bajo este supuesto, no dejaría de ser una formalidad procedimental, no obstante, hay implicaciones más serias que resultan de este proceso y que están ligadas a la campaña electoral en ciernes. ¿Qué impacto tendría el impeachment electoralmente?

 

 

Mientras que Trump puede ir a la reelección como un villano con respaldo partidista, si es absuelto, también puede ir en calidad de héroe que se sobrepone al juego sucio de los demócratas. Las evidencias y los hechos son lo de menos en un proceso electoral que estará dominado, como hace cuatro años, por los grandes medios de comunicación y las redes sociales. La polarización de los discursos se anticipa desde ahora. No en vano, Trump ha elevado el tono con el que se expresa de sus adversarios, especialmente de Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes y principal crítica de su gobierno. Mientras ella ha señalado que defiende la Constitución, él le ha dicho que inició “una guerra en contra de la democracia estadounidense”.

 

 

En un libro de reciente publicación, Cómo mueren las democracias (Ariel: 2018) que ha acaparado las listas de best-sellers a nivel internacional, los profesores de la Universidad de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, señalan cuatro señales de advertencia conductuales que ayudan a identificar a una persona autoritaria. La primera, cuando rechaza, ya sea de palabra o mediante acciones, las reglas democráticas del juego; la segunda, cuando niega la legitimidad de sus oponentes; la tercera, cuando tolera o alienta la violencia, y finalmente, si su comportamiento indica su voluntad de restringir las libertades civiles de sus opositores, incluidos los medios de comunicación. Prácticamente una radiografía del estilo de gobernar de Donald Trump.

 

 

Trump es un líder autoritario, entraña a un tirano que no cree en la democracia sino en el poder que se ejerce verticalmente; después de todo, es un magnate de los bienes raíces para el que ganar es aplastar a sus competidores y sacar el mayor provecho de sus clientes. El juicio político en su contra es una señal de resurgimiento de las instituciones frente al poder tiránico que aun en estos tiempos puede dominar a los países más desarrollados. Incluso si es absuelto, a Trump ya lo condena la historia y su reelección se convertirá en la mayor batalla para que Estados Unidos recobre su dignidad en la arena política, hoy convertida más en un espectáculo que en un escenario equilibrado de instituciones y personas que respetan la ley.

 

 

Aprovecho esta ocasión para desear que todos pasen una feliz Navidad. Inicia una época para compartir en familia y disfrutar de nuestros seres queridos, pero también para reflexionar sobre nuestros proyectos hacia 2020. Que sea, para las y los lectores de esta columna, la mejor de las Navidades, y que con fe y esperanza cerremos 2019, que ha sido un año de grandes retos, pero también, un año de objetivos alcanzados.  ¡Felices fiestas!

 

 

*Director General del ICAPET

 

 

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