Renovación obligada 2020; innovar o morir: Alfredo Martínez de Aguilar

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* Ante la destrucción de las instituciones nacionales y el riesgo que se nos imponga una dictadura, nunca como ahora resulta indispensable y vital recuperar la consigna de vida: Renovarse o morir.
* Hacemos profesión de fe y renovamos nuestros votos por la defensa de la vida, la libertad y la dignidad humana, a través de seguir luchando por la verdad y la justicia, por Oaxaca y por México.

 

(A Hilario Ruiz Ortiz, amigo-hermano con quien compartimos batallas libertarias, quien partió hacia la Casa del Padre con el Sol de fin de año a sus espaldas. A su esposa, hijos, familiares y amigos un abrazo fraterno y solidario en estos momentos difíciles. Descanse en paz)

Por qué para la ciencia la energía es eterna y no perece solo se transforma al igual que para la religión con el alma y espíritu. Porque la energía es vida y movimiento infinito, principio y fin.

El mundo, según Heráclito, se halla en un proceso eterno de nacimiento y de destrucción del devenir hacia el eterno retorno: “todo fluye, todo cambia”. El mundo se compone de contrarios que llevan una lucha entre sí: “La guerra es la madre y reina de todas las cosas”.

Los contrarios se convierten los unos en los otros: “lo frío se calienta, lo caliente se enfría; lo húmedo se seca, lo seco se humedece”. Por eso, la presencia de un contrario condiciona la existencia del otro contrario: “la enfermedad hace dulce la salud”.

Heráclito afirmaba la identidad de los contrarios: del día y de la noche, del invierno y del verano, de la guerra y de la paz, de la saciedad y del hambre, del bien y del mal. Todos los cambios están sujetos a leyes estrictas. “Todo se produce gracias al conflicto y a la necesidad”. Estas leyes inherentes a la propia sustancia material son llamadas por Heráclito “el logos”.

La doctrina del Logos como razón universal fue interpretada por los cristianos en el Evangelio de Juan 1:1 42​:​ "En el principio era el Verbo (logos), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios".

Nada ajeno a la sabiduría milenaria de la cosmovisión indígena en la que el logos como palabra es representada por el glifo de nuestras culturas madres mesoamericanas. Así de grandes somos.

Al terminar el gran año solar todo vuelve a comenzar y a repetirse en el eterno retorno. Es ocasión propicia para hacer un breve alto en el camino de la vida y hacer un balance objetivo de la misma.

La resiliencia convertirnos a los seres humanos en la mítica Ave Fénix y renacer de nuestras cenizas, la capacidad inigualable de renovarnos en seres más fuertes, valientes y luminosos.

La importancia de la ceremonia del Fuego Nuevo indígena y occidental representa la búsqueda del equilibrio y orden del universo, y de la armonía y colaboración humana para mantener ese orden.

La renovación del compromiso al final de una era mantiene la continuidad del movimiento solar y del tiempo. Los hombres reafirman el pacto celebrado por los dioses para dar vida a este mundo.

Ante la destrucción de las instituciones nacionales y el riesgo que se nos imponga una dictadura, nunca como ahora resulta indispensable y vital recuperar la consigna de vida: Renovarse o morir.

Es urgente la saludable necesidad de realizar cambios, por lo general radicales, en la conducta, la imagen, en el trabajo, en definitiva en el contexto profesional personal, familiar, social y nacional.

La frase atribuirse al filósofo y escritor Miguel de Unamuno el progreso consiste en renovarse, que dio pie al pueblo para hacer suyo el refrán. Renovarse o morir debe traducirse en innovar o morir.

Para lograr sobrevivir necesitamos renovarnos y adaptarnos a los cambios. No se trata de decir adiós a los principios y valores de nuestras convicciones, sino de dar la bienvenida a nuevas ideas.

No se trata de quedarse dormido en nuestros laureles por comodidad o cerrarse a cambiar por soberbia, sino de ser más imaginativos y creativos, con inteligencia, humildad, visión y sensibilidad.

Ésta es la única, real y verdadera transformación que nace en el alma, corazón y sentimientos de buena fe y buena voluntad de las personas, a fin que se conviertan en positivas políticas públicas.

Cualquier cambio personal, familiar, nacional o de régimen de gobierno impuesto por decreto, sea del signo ideológico que sea, está condenado al más rotundo fracaso como enseña la historia.

No es sencillo cambiar, resulta bastante doloroso. Requiere de un cambio de mentalidad y hasta de modificar los hábitos. Pero no hay duda: innovar es el único camino para sobrevivir.

Ésa es la actitud mental, optimista, que debe caracterizar nuestra vida el Año Nuevo 2020, en medio del dinámico siglo XXI, plenamente conscientes de ser hijos de la crisis del Tercer Milenio.

Ello requiere de un proceso de reingeniería personal para saber quiénes y cómo somos, cuáles son nuestros talentos, debilidades y fortalezas, qué queremos ser y hacer, y en dónde queremos estar.

A partir del autoconocimiento, autoaceptación y autoperdón, por no ser como deseáramos ser, estar o tener, definir un proyecto de vida e iniciar el autocrecimiento y autodesarrollo exitoso.

Alcanzar esa ambiciosa meta humana es difícil, pero no imposible. La mayor y mejor estrategia de vida triunfadora son las enseñanzas de Jesús: Trabajo en equipo con una clara división del trabajo.

Tenemos que estar sabedores conscientemente que, si lo permitimos, siempre habrá alguien que pretenderá traicionarnos; de ahí la trascendencia de los permanentes controles de confianza.

Hacemos profesión de fe y renovamos nuestros votos por la defensa de la vida, la libertad y la dignidad humana, a través de seguir luchando por la verdad y la justicia, por Oaxaca y por México.

Como parte de la renovación de un nuevo año, pedimos disculpas y/o perdón a quienes hayamos ofendido consciente o inconscientemente. Feliz y Próspero Año Nuevo 2020. Abrazo a todos.

alfredo_daguilar@hotmail.com

director@revista-mujeres.com

@efektoaguila

 

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